La cadena de almacenes británicos Marks y Spencer y la firma Bodymax lanzaron al mercado una novedosa prenda de vestir. Se trata de un calzoncillo, tipo bóxer, con la una notable particularidad: abulta la genitalia en casi un 40%. Este milagro se debe a una suerte de caparazón que además de contener la virilidad del usuario, abulta y destaca aparatosamente . Según sus diseñadores, la prenda tiene como objetivo levantar la autoestima quien la use. Quizá, en realidad sea un recurso efectivo para darse confianza, pero como instrumento de seducción es un arma de doble filo.
Por ejemplo, pensemos en una primera cita. Seguramente, en algún momento de la noche ella se percatara del notable detalle que tiene su compañero entre sus piernas. Tal vez le de alguna importancia; Tal vez no. En esa misma velada podría ocurrir el dichoso primer encuentro sexual. Y he aquí la cuestión. ¿De que sirve aparentar tener algo que hasta el mismísimo campeón del Gran Premio Carlos Pellegrini envidiaría, si a la hora de los bifes, la delicada tela dejará escapar la (pequeña) verdad?. Inclusive, si la certeza no fuera tan pequeña, no estará a la altura de ese 40% adicional. Sería crear una falsa expectativa, una ilusión que en apenas segundos se convertiría una desilusión, en una decepción.
Pero, sin duda, las expertas del engaño son las mujeres. Con sus dichosos push-up que aplastan y levantan (algunos hasta la yugular) los pechos ya vencidos por la gravedad; Con sus fajas que contienen los rollitos fofos y rebeldes; las calzas que estrujan y levantan el culo. Imaginemos las miradas del galán durante la cena. Se perderá en la suculenta zanja que brinda esos pechos turgentes, en esos dos cachetes tensos y parados, y entonces...la hora de la verdad. La femme fatale se quitara la ropa y luego cada artilugio: el push-up primero, la faja después, las calzas... cada rollo, cada flacidez brincará libre y volverá a su lugar de origen. Los pechos caerán como dos frutas resecas. Y no es lo único que caerá...y no me refiero solamente a la libido del aterrado galán.
Me parece que los consumidores de estas prendas son personas carentes de imaginación. Gente burda, elemental que basa todo su acercamiento con el sexo opuesto en lo concreto, en lo visual y evidente . Se olvidan del órgano sexual mas poderoso: La mente. Y esta se puede estimular a través de la seducción. La manera de encarar una charla, de hacer sentir único al otro, de como sonreir...hacer enfasis en los detalles mas sutiles. Si uno logra estimularla bien, puede hacerle sentir a esa persona especial que el pecho mas caído, el culo mas flácido y el pene mas insignificante puede ser tan intenso, tan inmenso que la gente de Bodymax pasaría el resto de sus días vendiendo estampitas en la puerta de alguna iglesia londinense.
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